Pese a las estrictas medidas de seguridad y vigilancia adoptadas por las autoridades haitianas, el lugar donde este viernes fue sepultado el asesinado presidente Jovenel Moïse, en la norteña ciudad de Cap-Haitien, fue escenario de protestas con quema de barricadas que llevaron a la Policía Nacional a hacer disparos y lanzar gases lacrimógenos.

La situación llegó a tal extremo, que durante la homilía por Moise, se sintieron los gases en el punto en el que se celebraban las exequias, que dista unos 500 metros de la entrada de la residencia familiar que ha dado acogida al funeral.

Asimismo se escucharon disparos y ráfagas al concluir el acto,  que la Policía hacía para abrir paso a las numerosas comitivas que salían de la finca.

La carretera a Cap-Haitien estaba bloqueada y era necesario tomar el camino hacia la capital para poder avanzar hacia la ciudad en un recorrido en el que los disparos no dejaban de sonar al paso de los vehículos.

El centro se concentró en las inmediaciones del punto donde se desarrollaba la ceremonia, mientras que la ciudad permanecía en calma, después de que el jueves las calles de Cap-Haitien quedaran bloqueadas por barricadas en llamas que ardían por toda la ciudad.

El jueves se celebró una misa en la catedral de Cap-Haitien, que fue interrumpida en varias ocasiones por partidarios del mandatario pidiendo justicia.

En su discurso  la primera dama, Martine Moise, quien resultó herida de bala en el ataque, pidió justicia para el asesinado presidente, quien, aseguró, “fue abandonado y traicionado».

“Fuiste abandonado y traicionado. Tu asesinato expuso (la) fealdad y cobardía”, dijo Martine en la ceremonia en honor de Moise celebrada en Cap-Haitien, en el norte del empobrecido país caribeño, donde será enterrado este mismo viernes.