Por Ana Patricia Sánchez

Realizar una profesión, o actividad laboral, siempre llevará consigo implicaciones éticas, donde estaremos sometidos como profesionales, a ciertas obligaciones y exigencias.

Como psicólogos, también nos regimos por un conjunto de consideraciones morales, normalmente acordadas en consejos, y difundidas por los colegios y asociaciones internacionales de psicólogos.

Las éticas profesionales del psicólogo están asentadas por la Asociación Psicológica Estadounidense o Americana (APA), señalando como principal objetivo salvaguardar la integridad humana, “el psicólogo cree en la dignidad y en la valía del ser humano individualmente considerado. Queda comprometido a aumentar la comprensión que el hombre tiene de sí mismo y de los demás. Mientras prosigue esta empresa, procura el bienestar psicológico de cualquier persona que puede buscar sus servicios o de cualquier sujeto, humano o animal, que pueda ser objeto de su estudio”.

Nos deja claro el “no emplear la posición ni las relaciones profesionales para finalidades que no vayan de acuerdo con estos valores, ni debemos permitir que ello suceda cuando nuestros propios servicios son empleados por otros. Si bien demandan para sí mismos la libertad de investigación y de comunicación, aceptan también la responsabilidad que confiere esta libertad: de competencia, cuando la reclaman; de objetividad, en los informes de sus hallazgos, y de consideración para los mejores intereses de sus colegas y su sociedad.”

Algo que es bueno aclarar a nuestros lectores, es que el psicólogo nunca puede ni va imponer sus objetivos, sino ayudar a descubrirlos al sujeto/paciente de su intervención, puesto que todo sujeto es un ser libre.

En psicología laboral el psicólogo atenderá los intereses de la organización para la que labora, al mismo tiempo que se preocupará por los intereses de personas contratadas por dicha organización y de las que también se encarga, debe atender principalmente el beneficio psicológico/ humano de las personas.

Dentro de los deberes estará el ser consciente de sus propios límites y carencias, tanto de sus limitaciones como persona como de los límites y lagunas de su formación, teniendo obligación moral de estar al día y perfeccionar sus conocimientos.

Me permito definir la deontología como lo expresó Cercos, 2013 “La deontología es el conjunto de las reglas éticas y morales que regulan el comportamiento de los individuos, desde su evolución vital, identificando lo bueno y lo malo”.

Tomando en cuenta que tenemos una responsabilidad como profesionales, para con nuestros pacientes, usuarios y colaboradores, no podemos perder de vista que “nuestro valor más importante en las organizaciones, es nuestra gente”.

Patricia Sánchez del Castillo

Psicóloga Industrial

Maestría en Gerencia Recursos Humanos